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Qué
bonito abrió el fiestón charro con su buen ganado, generosos
organizadores que saludaban amablemente, tres flamantes jueces de arranque,
dos locutores armados de dichos y analogías, un público lindísimo,
y para rematar, unos equipazos que prometían ponerle aún
más sabor al mole de canciones que hacían menear la bota
y bote a más de tres. Todo, naturalmente, bajo la libertad de un
precioso día caliente y alegre, que literalmente exigía a
gritos ser gozado de cabo a rabo.
Ahhh,
que día tan día. Soñador. Quería que lo recordaran.
Quería que los presentes entendieran a la perfección que
el 15 y 16 de septiembre sí son de importancia relevante para la
historia revolucionaria de México y la Charreria, cuyo lema principal
reza claramente "Patria y Tradición".
Ahhh,
que día tan día.
Tristemente,
aunque lo mencionaron los animadores durante el desarrollo del 1er Campeonato
Charro de Tequila Hacienda Vieja, realizado en el Lienzo Charro Los Potrillos,
de Woodlake, CA, nadie pareció acordarse de dar el Grito de Independencia.
¿O
alguien oyó a alguien la noche del sábado, 15 de septiembre,
gritar '¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Viva México!'?
Porque
la frase, ¡Viva México!, es la clave maestra de "Patria",
y la frase, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, la de "Tradición".
Con
todo respeto, pero más que nada, por el cariño tan grande
que le tengo a mi Familia Charra, me atrevo a decirle que me dio un sentimiento
marca "Insurgente Nacionalista" al no oír o siquiera ver el intento
por recordar tan significativa fecha, sobre todo para nosotros los mexicanos
de hueso colorado.
Porque
el 16 de Septiembre es una fecha oficial registrada en el Archivo Nacional
y en el corazón y mente colectiva de los hijos de México.
Porque según historiadores, la madrugada del 16 de septiembre de
1810, allá en el pueblo de Dolores, Guanajuato, el cura don Miguel
Hidalgo y Costilla, respaldado por hombres de gran carácter e ideas
revolucionarias, como los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, el corregidor
de Querétaro, don Miguel Domínguez y su valiente esposa,
doña Josefa Ortíz de Domínguez, mandó sonar
las campanas y en el atrio del templo planteó a los reunidos su
plan de Independencia.
A este
famoso llamado se le conoce como "El Grito de Dolores", porque de inmediato,
con limitado acopio de armas y municiones, pero eso sí, armados
de una inquebrantable fe y esperanza, iniciaron su lucha en contra de la
ocupación francesa sobre España, exigiendo la reinstauración
de Fernando VII en el trono Español.
La
idea real detrás del movimiento, no obstante, era liberarse de una
vez por todas de la maldita corona española; abolir el pinche virreinato.
Los pensamientos sobre Justicia Social, Libertad, Igualdad e Independencia
ya tenían años cocinándose en mentes creativas como
la del cura José María Morelos y Pavón, quien, unido
a la causa de Hidalgo y Costilla, las documentó muy bien en su escrito
de 1813, "Los Sentimientos de la Nación".
El
16 de Septiembre, entonces, se conmemora el "Grito de Dolores", pero lo
del 15, a mi humilde parecer y limitada inteligencia, debe recordarse para
que nunca más vuelva a suceder lo de aquel 15 de septiembre de 1847,
cuando el gatito cobarde y traidor de Antonio López de Santa Anna
se las ingenió para enviar deliberadamente las tropas mexicanas
a otros sitios de la nación, permitiendo así que los miserables
gringos cañonearan y se apoderaran a sus anchas de Chapultepec.
Los muy usurpadores de alma roñosa lo celebraron en grande, ondeando
esplendorosamente su bandera en el Palacio Nacional de México.
Ahhh,
que triste día para los mexicanos.
Pero
vamos, los charros, que no se rajaron para respaldar el movimiento de Independencia
y morían dondequiera defendiendo a su "Patria y Tradición",
ocupan un lugar importantísimo tanto en las páginas sagradas
de la historia de México como en el noble corazón de sus
hermanos mexicanos.
Por
eso es que el 15 de septiembre del 2007 se me hizo muy triste e indignante
no oír más que los gritos de "traiganme otro con hacienda
vieja" y "toquen esta canción".
Por
otra parte, los niños de los bailes folclóricos, que ya tenían
días practicando para hacer su hermosa presentación en el
lienzo charro, pasaron casi inadvertidos, pues los únicos que lucían
interesados en verlos danzar eran los familiares y amigos.
Al
parecer, el principal foco de atención en la manga del lienzo y
ruedo eran las colas combinadas simultáneamente con exhibiciones
personales de cala, baile de caballos, toreo y reclamos, seguidos a menudo
por actitudes algo groseras.
En
la publicidad del Campeonato se anunció que se daría el Grito
de Independencia. Aunque no hubiera sido así, la gente siempre espera
eso de los charros, que den ellos mismos el Grito o estén al menos
presentes en la ceremonia. Ninguna otra figura es tan querida, respetada
y representativa de los auténticos valores éticos y morales
de los mexicanos como la del charro.
¿Quién
mejor que un charro para dar el Grito, el cual, insisto, es parte esencial
de lo que significa el lema bonito de la Charrería, "Patria y Tradición"?
Ahhh,
que día tan día. Soñador. Quería que lo recordaran.
De
todo corazón espero, como dijo San Agustín en su precioso
escrito "La Ciudad de Dios", que "dejen aquellos que piensan que he dicho
muy poco, o aquellos que piensan que he dicho demasiado, otorgarme su perdón;
y dejen aquellos que piensan que he dicho justamente lo suficiente, unirse
a mí para dar gracias a Dios". |