| MIS
BODAS DE PLATA
Hola
estimados amigos amadores del Más Mexicano de los Deportes, hoy
es un día muy especial ya que hace 25 años contraje nupcias
y ayer acabo de renovar esos votos, ante mis hijos y mi esposa Olga María
de la Torre López.
Hace
un par de semanas apenas festejé 30 años de que fuí
campeón nacional de colas, en el meritito Monterrey y ahora sigue
la alegría contagiante de mis bodas de plata, por esos primeros
25 años de mi matrimonio.
Me
considero un ferviente creyente de Dios y de la Virgen, cuestiones que
heredé de mis padres Victoria Barba Barba y don Ricardo Zermeño
Cárdenas.
No
sabía que hacer la mañana de este sábado, si ponerme
a escribir, si arreglarme para irme a la misa de una o de plano empezar
el festejo a todo lo que da por mis primeros 25 años de vida matrimonial.
O de plano, ponerme a llorar.
Los
recuerdos se me vienen como en cascada, ya que jamás podré
borrar de mi mente cuando en 1982 me casé en el otoño de
aquel año y es que además cuando llegué al templo,
me esperaba una caravana de amigos charros que me hicieron la tradicional
valla.
Mucho
menos podré olvidar que a sus escasos siete años de edad,
Alejandro Fernández Abarca me cantó la misa, por eso insistía
en los sentimientos encontrados que me causa escribir esta columna.
Quería
y es que aparte, no me gusta hablar de mí, pero fechas tan especiales
como estas en la vida, no se festejan muy seguido.
GRACIAS
A LA VIDA
Ya
lo decía la chilena Violeta Parra en su poema hecho canción,
de que “Gracias a la Vida, que me ha dado tanto…”, por eso quiero agradecer
al creador y a la santa patrona de los mexicanos, que me hayan permitido
festejar y en grande estos primeros 25 otoños de vida matrimonial.
Como
han pasado los años. Lo mejor es todo el tesoro tan enorme que me
han dado, con esas bendiciones de hijos que tuve como mi esposa Olga de
la Torre, como lo son: Olguita María, Jesús Salvador Ricardo,
Ana Victoria y María Fernanda.
La
historia sigue y el tiempo no se detiene, pero mientras pienso y declaro
en eso, me doy cuenta que mis padres ya se adelantaron en el camino. Por
parte de mi esposa Olga María, sólo queda doña Ana
María López, ya que don Aureliano también pasó
a mejor vida.
En
los contrastes, mientras yo vivo mi alegría, nuestro buen amigo
Carlos Sánchez Mariscal sufrió la pérdida de su primo
Martín García Avila. Animo CASAMA, la vida debe continuar.
Ya
para terminar mi columna dominical, debo agradecer a don Carlos Alvarez
del Castillo Gregory la oportunidad de seguir vigente aquí en EL
INFORMADOR en esa historia que empezó hace cinco años, así
como agradecer en todo lo que vale al valioso equipo de la Sección
Deportiva que tripula mi buen amigo Jorge Verea.
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