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trataron temas importantísimos como los sorteos de equipos clasificados
al LXVI Congreso y Campeonato Nacional Charro 2008 "Don Antonio Aguilar
Barraza", y al Campeonato Nacional Independencia 2008.
Dijo
el Sr. Balleza: "Mi inconformidad es [que] desgraciadamente nuestros compañeros
charros de Estados Unidos nos están quitando 15 lugares; ellos tienen
el mismo derecho que nosotros, sí, de participar, porque están
federados, porque les gusta el deporte, porque son mexicanos... Desgraciadamente
viven en Estados Unidos por muchas circunstancias, pero su participación
no es igual a la nuestra... A mí me califican todos los estatutos
[del Reglamento].
En
las convocatorias dice que la Charrería se va a efectuar con el
Reglamento oficial de la Federación... Allá les aplican el
reglamento de la Federación no igual al nuestro... Desgraciadamente
las leyes de Estados Unidos no les permiten tumbar una yegua. Bueno, perfecto,
yo no estoy diciendo que los quiten a ellos, sino que nos den oportunidad
a nosotros, a los equipos mexicanos que hacemos el Reglamento, o sea, que
tratamos de ir con el reglamento en toda su extensión, que nos den
la oportunidad de participar..."
Desde
un principio me pareció muy anti-charro estadounidense la actitud
del Sr. Balleza, mas pensé que lo mejor sería seguir por
mi camino, como me dice mi padre. Después de todo, no es la primera
vez que un charro mexicano se expresa mal de un charro americano. Por otra
parte, el Sr. Balleza tiene todo el derecho de vocear su "inconformidad".
Lo
que me detuvo al instante es que, al parecer, su "inconformidad" es respaldada
por más de un presidente de unión de asociaciones de charros.
Dijo
el Sr. Balleza: "Hablé con todos los PUAs de los equipos involucrados
y todos me apoyaron".
Desconozco
el número exacto de PUAs por los que habló, pero deduzco
que existe un sentimiento colectivo mexicano que pone en tela de juicio
el nivel deportivo del charro estadounidense.
"Yo
no estoy diciendo que quiten a los equipos de Estados Unidos, sino que
aumenten el numero [de días]", sugirió el Sr. Balleza. "Que
nos ayuden a nosotros los que estamos aquí, que gastamos todo el
año, que invertimos, damos trabajo a mil gente comprando yeguas,
rentando toros, viajes, viáticos, todo lo que se gasta es mucho
dinero, para que ellos con la mano en la cintura vengan y no tumbar una
yegua y tú en una charreada no tumbas una yegua y ya no pasaste
y ellos nomás la chorrean y pasan..."
Del
modo que lo plantea hace pensar a la persona común que los charros
estadounidenses no gastan su dinero en la Charrería todo el año,
no invierten ni dan empleo a la gente que les renta las yeguas y toros,
no viajan, no pagan viáticos. Todo lo que hacen es ponerse la mano
en la cintura y jugar a que son charros "mexicanos de verdad", ¿correcto?
Bullshit!
Son
tantos los sacrificios que enfrentan los charros estadounidenses para preservar
su bella y querida tradición de la Charrería que lo mínimo
que se merecen es respeto.
Respeto
porque es dificilísimo mantener viva una herencia cultural bajo
el constante escrutinio de la cultura dominante, madre de los principales
miembros del movimiento anti-mexicano disfrazado de "Sociedad Protectora
de los Animales".
Respeto
porque para la mayoría de los charros la Charrería sí
significa realmente tradición, no un mercado libre donde pueden
ofrecer sus estupendas habilidades ecuestres al mejor postor.
Respeto
porque en medio de un carnaval de culturas, de una sociedad plástica
llena de vicios destructivos, se las ingenian para hacer de la Fiesta Charra
un hermoso convivio familiar donde pueden hablar el idioma de sus padres,
disfrutar de su comida típica, oír su música, gritar
a pulmón abierto cuando una suerte es finamente ejecutada y retirarse
a casa porque al día siguiente tienen que levantarse temprano a
trabajar para poder seguir costeando su deporte, sostener a su familia
y ayudar a sus parientes necesitados de México.
Respeto
porque a través de la Charrería inculcan en sus niños
un gran amor hacia sus preciadas raíces mexicanas, incluyendo el
culto a la Virgen de Guadalupe.
Respeto
porque su nivel deportivo —considerando nuevamente que comparado con los
cowboys y charros de paga lo hacen esencialmente por amor a la tradición—,
es tan bueno como el de cientos de sus colegas en México.
Respeto
porque el sueño de todo charro americano es verse junto a su equipo
participando en la Gran Fiesta Charra, y respeto porque estando en tierra
mexicana el charro estadounidense genera buenos ingresos para la economía.
En
efecto, lo que dijo el Sr. Balleza sobre el Reglamento General de Competencias
de la FMdeCh en los Estados Unidos es cierto: no es igual al de México.
Pero
es debido al cáncer charreril, léase liga de activistas racistas,
que el Reglamento americano tuvo que sufrir una lamentable modificación
en las suertes de las manganas.
Mientras
que el charro mexicano puede legalmente derribar a las bestias en cualquier
estado de la República, en California, Texas y Nebraska, por ejemplo,
no solo es prohibido, sino también penalizado con multa y cárcel.
Ahora,
el comentario del Sr. Balleza sobre no quitar a los equipos de charros
estadounidenses que obtuvieron su pase al Nacional por méritos propios,
sino de que les den a "ellos, a los equipos mexicanos que" siguen "el reglamento
en toda su extensión", la oportunidad de participar, me hace pensar
de que alguna forma sienten que el Comité Organizador del Nacional
tiene que compensarlos.
¿Pensará
el Sr. Balleza y sus simpatizantes que solo porque son asociaciones mexicanas
tienen derecho a más concesiones?
¿Estarán
sinceramente convencidos de que los charros estadounidenses merecen participar
en el Nacional?
¿Por
qué se portan así, si cuando los charros americanos van para
México no hacen otra cosa mas que mostrar su respeto y admiración
por los grandes charros atletas, o cuando los charros mexicanos vienen
a suelo norteamericano los tratan súper bien?
No
se vale.
Cabe
recordar que la Charrería resalta por encima de cualquier otra tradición
debido a su noble afán de promover el compañerismo, el nacionalismo
positivo, la unión, el honor y espíritu deportivo, en corto,
todos esos valores y cualidades típicos de las personas decentes
y respetables.
Ser
Charro Americano es Ser Dos Veces Mexicano
De
la manera más atenta, me permito ahora hacer un punto de referencia:
Si la linda y adecuada frase de "Ser charro es ser mexicano" retrata fielmente
el grato sentimiento nacionalista del hombre de a caballo en México,
la de "Ser charro americano es ser dos veces mexicano" definitivamente
pinta a la perfección el del charro estadounidense.
Un
vistazo a la planilla oficial de cualquier asociación de charros
registrada con la Federación Mexicana de Charreria FMdeCh A.C. en
los Estados Unidos muestra un perfil similar: tiene charros que nacieron
en México pero que radican en este país, tiene charros nacidos
aquí pero de padres mexicanos y tiene charros de generación
tras generación mexicoamericana.
Puede
esto comprobarse en el acto platicando directamente con los charros Rafael
Cabral, Adrián Franco, Lupe Díaz, los hermanos Filemón,
Ramón y Octavio Jara, Tomás Garcilazo, Carlos Rodríguez,
Pepe Covarrubias, Chuy Solís, Toby de la Torre, los hermanos Santos
y Víctor Castellanos y los hermanos Héctor, Tony, Luis y
Eddie Higareda, entre otros.
Todos
ellos pueden, legalmente, reclamar la doble ciudadanía, ya que existe
un decreto que les garantiza la continuidad, el respeto y derecho a su
auténtica y arraigada mexicanidad, vivan donde vivan.
Pero,
aunque no existiera, su sentimiento charro, netamente mexicano y mexicoamericano,
ciertamente ningún mortal puede arrebatarselos. En efecto, cualquier
majadero u acomplejado puede tratar de minimizarselos, pero jamás
podrá quitarselos.
No
es aislado oír decir a mucha gente culta de ambos países
que mientras la mayoría de los charros mexicoamericanos tienden
a resaltar orgullosamente su herencia mexicana, muchos de los de México
ni siquiera titubean para echar en cara su lado "europeo". Hasta su modito
de hablar suena más a "preppy delicado" que a caballero campirano.
Pero
todo esto es de importancia menor para el charro estadounidense, simplemente
porque dentro del lienzo y ruedo un charro federado es un charro federado,
así sea chaparro, alto, flaco, panzón, prieto, guapo, güero,
feo, mañoso, naco, popis...
Reitero,
entonces, que lo menos que merece el charro americano es respeto. No se
vale hacer de su gran logro deportivo el blanco directo de frustraciones
ajenas. Faltaba más. Es lo que creo.
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