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 DESDE EL CONTRALIENZO....
By: Fernanado Jiménez Ríos  (fernandojr@prodigy.net.mx)
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 Febrero 26 del 2009
¿Y QUIÉN ESTARÁ ATRÁS DE UN GRAN CHARRO…?
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 Estimados cibernautas, en esta ocasión les quiero referir públicamente el extracto de una plática por demás interesante y llena de sabiduría que sostuviera hace ya bastantes años con un hombre que durante su vida fue un verdadero apasionado y enamorado del mundo del caballo, me refiero al Señor Don Manuel Manzo Pineda QEPD, sumamente conocido para muchos charros de aquella “vieja guardia” y con el cual me ligó una entrañable y extraordinaria amistad, a pasar de nuestras diferencias en edades, misma que se prolongó hasta el día aquel en que por desgracia tocó a las puertas del Reino Celestial.

         Este connotado criador y propietario de caballos de raza pura allá entre las décadas de los años 50´s, 60´s y principios de los 70´s del pasado siglo, destacó al haber contando entre su extensa cuadra de cabalgaduras, con extraordinarios Caballos Charros y de Carril, y para muestra un botón, por ello es de recordar algunos de esos famoso caballos como lo fueron: “El Pachín” caballo ¼ de milla retinto golondrino de briosa movilidad y extraordinaria rienda charra; “El Cáncer” ¼ de milla con Pura Sangre, colorado encendido cabos negros de gran alzada y de excelente punta en su rienda; “Soberano” ¼ de milla prieto frente blanca y calceto, largo de carona y de abundante crinar y cola, excelente caballo coleador; “El Kelly” Semental de Registro, Alazán Café y bastante corpulento a grado tal que llegó a pesar 800 kilogramos; “El Curro” hermoso de lamina y bien cortado, alazán hormigo y de raza Pura Sangre, Semental de Registro dedicado a procrear para caballos de carril; por último y el que fuera el caballo de sus amores hasta su fallecimiento el llamado “El Champurrado”, caballo ¼ de milla de gran corpulencia y que como característica principal poseía un pelaje poco común, de ahí el origen de su nombre y que es conocido dentro del argot de los colores en los equinos con el nombre de “Charaquis”, excelente Calando y Coleando. 
 

         Pues bien, este excelente amigo de toda la Charrería me comentaba en cierta ocasión allá por los años 1972 y 1973, entre sorbo y sorbo de aromático café, el cual consumíamos en sus oficinas de la Colonia Americana en la ciudad de Guadalajara lo siguiente: “Mira Fernando: Sí detrás de un gran hombre, siempre existirá una gran mujer; de la misma manera deberíamos de entender que: detrás de un gran charro ó de un gran hombre de a caballo, invariablemente habrá de existir un gran caballerango. Es por ello que, quien se hace de un buen caballerango, encuentra un tesoro para él y para sus propios caballos…” Y en verdad cuánta profundidad y certeza encierra este razonamiento, es por lo que en esta ocasión trataré desde mi muy particular punto de vista, rendir un merecido y más justo homenaje a todos aquellos hombres, quienes desarrollan una labor callada, poco vista y peormente aun, debidamente valorada; me refiero a esos personajes casi ocultos de nuestro Deporte Nacional y que gracias a su labor hacen posible que nuestras cabalgaduras se encuentren al cien por ciento para lucimiento de nosotros los charros, me refiero precisamente a nuestros caballerangos, 

quienes quiérase o no, también forman parte y “militan” activamente dentro de la Charrería. Porque estará de acuerdo conmigo el amable lector: ¿Qué sería de nosotros los charros sin esos verdaderos “hombres de a caballo” quienes realizan cotidianamente las fatigosa y abnegadas labores en beneficio y cuidado de nuestras cabalgaduras? 

         Todos nosotros pretendemos que nuestras cabalgaduras se mantengan en óptimas condiciones para la práctica del Deporte de la Charrería, tanto hombres como mujeres, pero, es de cuestionarnos también: ¿Cuántos de nosotros, Charros y Escaramuzas vivimos y sufrimos las fatigas, los cuidados diarios, atenciones directas y hasta asistencias médicas y debido tratamientos en caso de lesiones o enfermedades en nuestros caballos? Quién sino, nuestros caballerangos, son quienes están cotidianamente al frente de nuestras bestias y los alimentan diariamente, los abastecen de agua, los bañan y los peinan, los trabajan y los pasean. En suma, lo chiquean y apapachan como a uno más de sus seres queridos, incluso se desvelan y se madrugan con él ante las largas jornadas de trabajo. 

         No me dejará mentir el amable lector que, en la mayoría de los casos y por obvias razones, dadas nuestras actividades laborales y profesionales, nos resulta prácticamente imposible atender en debida forma a nuestros compañeros de Deporte <nuestros caballos>. Es entonces que debemos recurrir a la contratación de los servicios de estos “invisibles” de la Charrería, quienes se convierten en verdaderos y reales “ángeles de la guarda” de nuestras cabalgaduras durante toda la semana laboral, especialmente durante nuestros espacios sabáticos al ser ellos quienes embarcan y desembarcar con todo cuidado nuestra cabalgaduras para asistir a cada competencia; y no sólo eso, sino que también resultan ser salvaguarda de nosotros mismos al tener una esmerada previsión y precaución que tanto la cabalgadura como todos y cada uno de nuestros arreos charros se encuentren en perfecto estado de uso como lo es el que: debida y oportunamente se encuentren ensilladas las cabalgaduras antes de iniciar una competencia charra o bien para una simple práctica, revisan el cincho que pudiera estar en mal estado de uso, una barbada ó cadenilla defectuosas en el freno, un arción defectuoso ó un chapetón suelto, los correones y hebillas de las espuelas a punto de romperse, etc. Vamos, en ocasiones son ellos quienes nos “amansan” nuestras nuevas reatas para poder ser usadas, cuidando de que estén el mayor tiempo posible tiradas al sol, y por último son éstos quienes hasta nos abrochan las chaparreras antes de montar a caballo, para luego y ya metidos en el rejuego, hacerlos igualmente responsables del cuidado de nuestras sogas, antes y después de cada faena. 

         Así mismo es de resaltar que, en cuántas de las ocasiones, a nuestros caballerangos los convertido en Caladores, Jinetes y hasta Pasadores de la Muerte dentro de nuestras competencias charras, con lo cual demuestran su disposición, entrega y cariño a nuestro Deporte, pero ni con eso y en mi humilde opinión les otorgamos el debido y justo reconocimiento a todo ese tipo de labores desarrolladas. 

         Por otra parte, resulta hasta paradójico que, llegado ese fantástico momento al final de la competencia charra y una vez que hemos obtenido la victoria y el triunfo en la contienda deportiva, nosotros los Charros, gustosos y gallardos nos presentamos ante la concurrencia a recibir el preciado trofeo por nuestra destacada participación, pero de aquel humilde servidor nuestro ni quien se acuerde, es más, concluida la premiación presurosos nos vamos a departir, convivir y hasta presumir con los amigos los logros obtenidos en fastuosos banquetes. En cambio el caballerango que se vaya a pasear y enfriar el caballo, para luego desensillarlo, peinarlo, tumbarle él sudor, darle agua, embarcarlo nuevamente y adiós Nicanor, que Dios te bendiga cuando mejor le va. 

         Luego de lo anterior es de referir al amable lector que, en la vida de la Charrería, un servidor jamás me he percatado de una premiación, homenaje público o simple reconocimiento por parte de nosotros los Charros para alguno de esos seres ocultos como son nuestros caballerangos. Tal vez la propia idiosincrasia del Charro le impida por su propia naturaleza egocéntrica brindarle un digno reconocimiento público a tan destacada labor que éstos realizan a favor de nosotros mismos, de nuestros caballos y del Deporte Nacional; y consideramos que el pago económico que recibe es más que suficiente para cubrir sus necesidades, ya que las lámparas y reflectores del escaparate escénico están reservadas única y exclusivamente para nosotros los que nos sentimos potentados de ésta Disciplina Deportiva. La verdad sea dicha amable lector, nada más absurdo y errático que suponerlo así. Porque si bien es cierto que nuestros caballerangos son unos empleados remunerados económicamente por parte nosotros, de igual forma debemos entender y razonar que son seres humanos que sienten y merecen el estímulo y reconocimiento de nosotros mismos y por ende de la propia Charrería en general. Una simple palmada llena de afecto sincero como congratulación a su destacada labor, vale más que una moneda de oro en la mano y como dice aquella proverbial cita: “Nobleza; Obliga”. Es por ello que sostengo que, si el charro desde siempre ha hecho gala y hasta presunción de su nobleza, por qué entonces no manifestarla de manera pública y abiertamente en favor del insigne personaje de hoy como lo es nuestro caballerango, quien de manera humilde y callada también desde sus labores hace Charrería, no cree Usted?. Como siempre me despido recordando que la mejor opinión será la del amable lector y hasta la próxima. 

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