| quienes
quiérase o no, también forman parte y “militan” activamente
dentro de la Charrería. Porque estará de acuerdo conmigo
el amable lector: ¿Qué sería de nosotros los charros
sin esos verdaderos “hombres de a caballo” quienes realizan cotidianamente
las fatigosa y abnegadas labores en beneficio y cuidado de nuestras cabalgaduras?
Todos nosotros pretendemos que nuestras cabalgaduras se mantengan en óptimas
condiciones para la práctica del Deporte de la Charrería,
tanto hombres como mujeres, pero, es de cuestionarnos también: ¿Cuántos
de nosotros, Charros y Escaramuzas vivimos y sufrimos las fatigas, los
cuidados diarios, atenciones directas y hasta asistencias médicas
y debido tratamientos en caso de lesiones o enfermedades en nuestros caballos?
Quién sino, nuestros caballerangos, son quienes están cotidianamente
al frente de nuestras bestias y los alimentan diariamente, los abastecen
de agua, los bañan y los peinan, los trabajan y los pasean. En suma,
lo chiquean y apapachan como a uno más de sus seres queridos, incluso
se desvelan y se madrugan con él ante las largas jornadas de trabajo.
No me dejará mentir el amable lector que, en la mayoría de
los casos y por obvias razones, dadas nuestras actividades laborales y
profesionales, nos resulta prácticamente imposible atender en debida
forma a nuestros compañeros de Deporte <nuestros caballos>. Es
entonces que debemos recurrir a la contratación de los servicios
de estos “invisibles” de la Charrería, quienes se convierten en
verdaderos y reales “ángeles de la guarda” de nuestras cabalgaduras
durante toda la semana laboral, especialmente durante nuestros espacios
sabáticos al ser ellos quienes embarcan y desembarcar con todo cuidado
nuestra cabalgaduras para asistir a cada competencia; y no sólo
eso, sino que también resultan ser salvaguarda de nosotros mismos
al tener una esmerada previsión y precaución que tanto la
cabalgadura como todos y cada uno de nuestros arreos charros se encuentren
en perfecto estado de uso como lo es el que: debida y oportunamente se
encuentren ensilladas las cabalgaduras antes de iniciar una competencia
charra o bien para una simple práctica, revisan el cincho que pudiera
estar en mal estado de uso, una barbada ó cadenilla defectuosas
en el freno, un arción defectuoso ó un chapetón suelto,
los correones y hebillas de las espuelas a punto de romperse, etc. Vamos,
en ocasiones son ellos quienes nos “amansan” nuestras nuevas reatas para
poder ser usadas, cuidando de que estén el mayor tiempo posible
tiradas al sol, y por último son éstos quienes hasta nos
abrochan las chaparreras antes de montar a caballo, para luego y ya metidos
en el rejuego, hacerlos igualmente responsables del cuidado de nuestras
sogas, antes y después de cada faena.
Así mismo es de resaltar que, en cuántas de las ocasiones,
a nuestros caballerangos los convertido en Caladores, Jinetes y hasta Pasadores
de la Muerte dentro de nuestras competencias charras, con lo cual demuestran
su disposición, entrega y cariño a nuestro Deporte, pero
ni con eso y en mi humilde opinión les otorgamos el debido y justo
reconocimiento a todo ese tipo de labores desarrolladas.
Por otra parte, resulta hasta paradójico que, llegado ese fantástico
momento al final de la competencia charra y una vez que hemos obtenido
la victoria y el triunfo en la contienda deportiva, nosotros los Charros,
gustosos y gallardos nos presentamos ante la concurrencia a recibir el
preciado trofeo por nuestra destacada participación, pero de aquel
humilde servidor nuestro ni quien se acuerde, es más, concluida
la premiación presurosos nos vamos a departir, convivir y hasta
presumir con los amigos los logros obtenidos en fastuosos banquetes. En
cambio el caballerango que se vaya a pasear y enfriar el caballo, para
luego desensillarlo, peinarlo, tumbarle él sudor, darle agua, embarcarlo
nuevamente y adiós Nicanor, que Dios te bendiga cuando mejor le
va.
Luego de lo anterior es de referir al amable lector que, en la vida de
la Charrería, un servidor jamás me he percatado de una premiación,
homenaje público o simple reconocimiento por parte de nosotros los
Charros para alguno de esos seres ocultos como son nuestros caballerangos.
Tal vez la propia idiosincrasia del Charro le impida por su propia naturaleza
egocéntrica brindarle un digno reconocimiento público a tan
destacada labor que éstos realizan a favor de nosotros mismos, de
nuestros caballos y del Deporte Nacional; y consideramos que el pago económico
que recibe es más que suficiente para cubrir sus necesidades, ya
que las lámparas y reflectores del escaparate escénico están
reservadas única y exclusivamente para nosotros los que nos sentimos
potentados de ésta Disciplina Deportiva. La verdad sea dicha amable
lector, nada más absurdo y errático que suponerlo así.
Porque si bien es cierto que nuestros caballerangos son unos empleados
remunerados económicamente por parte nosotros, de igual forma debemos
entender y razonar que son seres humanos que sienten y merecen el estímulo
y reconocimiento de nosotros mismos y por ende de la propia Charrería
en general. Una simple palmada llena de afecto sincero como congratulación
a su destacada labor, vale más que una moneda de oro en la mano
y como dice aquella proverbial cita: “Nobleza; Obliga”. Es por ello que
sostengo que, si el charro desde siempre ha hecho gala y hasta presunción
de su nobleza, por qué entonces no manifestarla de manera pública
y abiertamente en favor del insigne personaje de hoy como lo es nuestro
caballerango, quien de manera humilde y callada también desde sus
labores hace Charrería, no cree Usted?. Como siempre me despido
recordando que la mejor opinión será la del amable lector
y hasta la próxima. |