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niño esperaba ansioso a que su padre llegara de las labores del
campo para ofrecerse a pasear el caballo. Era su pretexto para montar.
Soñaba también con portar un día el traje de charro.
En aquel tiempo la Charrería no estaba muy al alcance de todos.
Solo los hombres de a caballo adinerados vestían de charro.
En
su puebo de Momax, Zacatecas, donde nació el 26 de junio de 1943,
José María “Chema” Covarrubias creció apasionado de
los caballos, aun después de sufrir un accidente donde su codo izquierdo
quedo practicamente destrozado. Tenía 7 años.
La
huella del percance ha sido para don Chema un constante recordatorio de
la lesión física y emocional experimentada, pero a su vez
se ha convertido en una anécdota que sirve para demostrar su arraigada
pasión e innato cariño por la cultura ecuestre mexicana,
específicamente la Fiesta Charra.
Este
jueves, 20 de marzo, la Comunidad del Charro y La Fonda on Whilshire, de
Los Angeles, CA, rendirán un homenaje a la trayectoria charreril
de Don Chema, quien compartirará con los presentes la anterior anéctada
y otras más. La cita es a las 7:00 p.m. en el 2501 Wilshire Boulevard,
de Los Angeles, CA.
“Mi
papá ha sido como mi héroe”, dice el charro José María
“Pepe” Covarrubias. “En su tiempo, estando ya aquí en California,
alcanzó dos veces la máxima puntuación coleando, que
son 45 puntos. Fue campeón estatal en la suerte de las colas y campeón
por tres años consecutivos en la categoría de charro completo.
Yo de chico, cuando lo miraba colear, me emocionaba y quería ser
como él. Ha sido mi padre, mi amigo y mi héroe”.
Don
Chema, como le llama de cariño y respeto la Familia Charra, es hijo
de Don José María Covarrubias y Doña Aurora Cornejo
de Covarrubias, quienes además le dieron cuatro hermanos y cuatra
hermanas. Tuvo, a los 14 años, sus primeros pininos en la jineteada
de toros y la suerte de las colas, faenas típicamente asociadas
en Zacatecas con los jaripeos y coleaderos de paga.
Con
el correr de los años, aprendió a lazar en pleno llano y
a jinetear libremente en el monte, usando como pretal un trozo de soga.
Mas la ilusión de su padre, como la de él mismo, era ejecutar
la más mexicana de todas las faenas charras: colas.
Cuando
se casó, a los 28 años, Don Chema y su esposa decidieron
hacer de los Estados Unidos su lugar de residencia, donde nació
Rosa, su primera hija. Se registró con la Asociación de Charros
La Zacatecana, donde ejectuba la suerte de las colas mientras aprendía
el arte del floreo y demás faenas. Tenía 30 años.
Con
la llegada de Gloria, su segunda hija, llegó también su primera
pariticipación y el trofeo que lo acreditó como campeón
en la suerte de las colas durante el Campeonato Estatal de California.
Entre el nacimiento de Pepe, su tercer hijo, y Martha, su cuarta hija,
Don Chema, ya diestro en las faenas que componen la charreada, demostró
que si de charro completo se trataba, él era el mero mero, pues
se coronó campeón por tres años consecutivos: 1975,
1976 y 1977.
El
charro Pepe confirma que para su padre la Charrería es cultura,
tradición y unión familiar.
“Lo
que yo más admiro de él es su amor por la Charrería”,
asegura. “Luego admiro mucho sus cualidades de ayudar a la gente que se
lo pide y el tratar de unir a las personas. En nuestra familia también
tenemos una tradición, que viene desde mi abuelo. Nuestro primer
hijo se llama José María. Por eso es que, tan solo aquí
en California, hay ya tres generaciones con el nombre de José María
Covarrubias: mi papá, yo y mi hijo, por quien estoy involucrado
en todo que puede ayudar a mantener viva la Charrería, para que
él y demás generaciones de charros la disfruten como nosotros”.
Tiempo
despues del nacimiento de Martha, Don Chema regresó con su familia
a su pueblo natal zacatecano, donde nació Aracely, su quinta hija.
El charro Pepe recopila que para entonces sus hermanas y él ya montaban
a caballo y lo acompañaban a las charreadas.
Años
más tarde, vuelve Don Chema a California, donde actualmente radica
junto con la mayoría de su familia y su sexto hijo, Mario. El charro
Pepe dice que hasta hoy se le puede ver montando a sus caballos y coleando
de vez en cuando.
“Anda
conmigo en las charreadas apoyándome”, comparte. “También
apoya la Charrería al 100% y pertenece a la mesa directiva nacional
de la Federación Mexicana de Charrería en los Estados Unidos”.
Cuando
se ponen a platicar, Don Chema le dice a Pepe que da gracias a Dios por
permitirle ver “casi” a todos sus hijos crecer y realizarse como personas.
“Casi” porque hace cinco años que su hija mayor, Rosa, “se adalantó
un poquito para hecharnos porras desde allá cuando andamos charreando”,
le comenta a Pepe.
Aunque
todas sus hijas son amantes de la Fiesta Charra, solo su hijo Pepe charrea.
“Mi
hijo Pepe es lo máximo, como persona y como charro”, reitera Don
Chema. “Creo que le encanta la Charrería más que a mí.
De mi esposa no tengo que decir más que es una magnífica
mujer en toda la extensión de la palabra”.
Ayer,
como hoy, su charro cantor favorito es el Sr. Antonio Aguilar. Las melodías
que más le llegan al alma son “Que me entierren con la banda”, “Puño
de tierra”, “Nadie es eterno en el mundo”, “Caballo de patas blancas” y
“Caballo ballo”.
“Entre
mi papá y yo nunca ha existido hasta ahorita un enojo”, asegura
el charro Pepe. “Cuando estaba chico me llamaba la atención, claro,
pero que nunca nos hemos enojado. Esa es una de las mayores satisfacciones
que ambos tenemos. Como hijo, el mejor homenaje que puedo rendirle es diciéndole
que estoy muy orgulloso de llamarle papá, que lo considero mi héroe
favorito, y que gracias a él, soy el charro y persona que soy”.
Los
interesados en asistir al gran homenaje en honor al charro Don Chema Covarrubias
pueden comunicarse al teléfono (213) 380-5053 de La Fonda on Whilshire
ó (626) 712-4422 del charro Pepe Covarrubias. |